Profesora en el Instituto Cervantes de Damasco

Después de volver a México 3 meses y no entender qué hacía ahí, me inscribí a un curso en el Instituto Cervantes de Damasco para poder ser profesora de español y con ese buen pretexto, volví a Siria.  Tomé el curso con españoles y venezolanos y terminando, justo terminando, empezaron los “problemas” en Siria.

Empecé a dar clases en Siria en marzo. Pocos días después de que comenzara los problemas (en ese entonces, los problemas no eran en Damasco, y comenzaron como manifestaciones los viernes). Muchos de los profesores del Instituto Cervantes decidieron irse y dejaron muchas vacantes que tomamos los latinoamericanos, (creo que somos más valientes).  La vida en Damasco siguió igual. Después de un tiempo, las manifestaciones llegaron a la capital y dejamos de salir los viernes. Nos dedicamos a estar en casa y a no involucrarnos para nada en temas políticos (cosa que no hacíamos, pero no queríamos que hubiera duda alguna).

Los alumnos sirios me sorprendieron desde el primer día.  Tienen una facilidad para aprender que impacta. Casi todos ya conocían el alfabeto latino. Casi todos ya hablaban inglés o francés, situación que sin duda facilitaba las cosas, pero aún así, ¡lo hacían tan bien!.  Desde la primera semana ya sabían cosas básicas, leían y pronunciaban bien. Son personas muy cultas, muy estudiosas, muy muy orgullosas de sus orígenes, pero muy abiertas a aprender de los demás.

Les fascina el futbol, el mundial en Siria se vive como en ningun otro país del mundo (quizás en todos los países árabes es igual) pero el hecho de ver banderas de Alemania, Brasil, Argentina, en las casas en época de mundial, fue algo que me sorprendió.

Les fascina el futbol español. O le van al Real Madrid o le van al Barcelona y eso les hace querer aprender español. Muchos de mis alumnos me decían que aprendían español porque les interesaba el futbol. Son verdaderamente fanáticos.

Parecía que no les importaba lo que estaba pasando en las ciudades de Siria. Iban al Instituto a pensar en otra cosa y mucho comenzaron a enfocarse en aprender español para tener opciones de vida fuera de Damasco.

En el Cervantes conocí gente invaluable de muchas partes del mundo. Nacho, Teresa, Lola, Luz, Elena, Pablo, Antonio y Ricardo de España. Miguel Alejandro de Venezuela. Ziad de Argentina. Estoy segura que todos soñamos todavía con volver.

Después de 10 meses de manifestaciones, decidí que las cosas no iban a mejorar antes de empeorar y me regresé a México pensando que en un año las cosas iban a regresar a estar “bien”.  En Siria no querían cambio de gobierno, querían más libertades. Las manifestaciones pedían eso, no pedían derrocar al presidente. Eso pasó cuando otros países se empezaron a meter en el conflicto.   Justo al volver, una semana después, cayó la primera bomba en Damasco. Algunos meses después, el Insituto Cervantes de Damasco cerró y aún está esperando poder volver a abrir.

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