Morelia, Pátzcuaro y Janitzio (Michoacán)

Por mi trabajo tenía que ir a Morelia, quería ir a visitar la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y aproveché para juntarlo con el fin de semana e irme a Pátzcuaro y a Janitzio. El viaje, por supuesto con el güero.

Catedral de Morelia

El había venido a México, dice, pero sólo a la Rivera Maya, y sí, sí es México, pero en territorio, los resorts en la Riviera Maya y en Baja California Sur, poco dicen de México. Siento que están hechos para extranjeros y no para visitantes locales. Había que sacarlo de su idea de “México”.

Morelia está a 3 horas y media de la CDMX, nos fuimos temprano en la mañana y a medio día ya estábamos en el centro de la ciudad. Para mi una de las ciudades más bonitas de México.

Llegamos al hotel, teníamos reservación en el Hotel Casino Morelia, ($900 la noche, habitación doble) siempre intento quedarme en hoteles que no son cadenas, siento que tienen más personalidad y la atención es más personalizada. Nos encantó el hotel, está muy bien ubicado, muy bien conservado y la gente se portó de lo más amable Me metí a la regadera, y corrí a mi junta. El güero se quedó paseando por la ciudad.

Regresando de mi junta nos quedamos de ver para comer, me habían dicho que el restaurant del hotel era buenísimo… comimos en el Restaurant Lu, ¡wow! la comida tradicional deliciosa (pedí una sopa tarasca y un chile relleno de Uchepo, que es un tamal de elote muy típico, un poco dulce, pero igual, muy rico).

El güero había disfrutado muchísimo la ciudad, dice que nunca se imaginó lo bonita que podía ser Morelia, que nunca la había visto anunciada en revistas o blogs de turismo, y estaba gratamente sorprendido. Yo tenía que volver a trabajar y él quería seguir descubriendo.

En la noche queríamos mezcal, el güero siempre quiere mezcal, nos recomendaron la Tata Mezcaleria, decidimos ir caminando por las calles paralelas a las principales, ¡qué bonito es Morelia! oscurecía, pero eso sólo hacía que se vieran más bonitas las casas y las iglesias.

Antes de llegar, paramos en un karaoke en donde cantamos 2 canciones y seguimos nuestra caminata. Las casas de piedra, muy coloniales, con un toque antiguo muy especial. Llegamos a la mezcaleria y nos sorprendimos con la cantidad de opciones para escoger y del lugar tan especial, moderno, pero a la vez tradicional. Morelia no dejaba de sorprendernos. Nos tomamos 2 o 3 o 4 mezcales y regresamos al hotel.

Al día siguiente queríamos recorrer Morelia, a mi siempre me ha llamado la atención el andador que hay al lado del acueducto, me llevé al gûero a que conociera y al final del andador, nos encontramos con otra maravilla Moreliana, Origo panadería de origen, el pan y el café están deliciosos; el lugar está en un lugar privilegiado, y la decoración la hace única en Morelia.

Frente a Origo está el Santuario de Guadalupe, una de mis iglesias favoritas. Del siglo XVIII, es muy barroca y con unos murales enormes. Sin duda, vale la pena visitarlo.

En la tarde nos fuimos a Pátzcuaro, sólo está a una hora de Morelia, y para mi, uno de los pueblo obligados de este país.

Pátzcuaro

No hay lugar que más me guste que Pátzcuaro, me gusta todo! su comida, sus helados, sus plazas, su artesanía, sus casas, ¡Todo!. Nos quedamos en el Hotel Refugio del Angel, ($1,100 la noche) precioso hotel, muy típico de la zona, muy limpio, los cuartos muy amplios, el nuestro, tenía un pequeño balcón que deba a la calle. Por la noche se cierran las ventanas de madera y el cuarto queda completamente oscuro.

Moríamos de hambre y comimos en un restaurant en la Plaza de Vasco de Quiroga. Caminamos por Pátzcuaro, entramos a las iglesias que nos fuimos encontrando, caminamos por el mercado, por la casa de los 11 patios, por las calles y en la tarde/noche fuimos a un evento cultural en La Jacaranda Cultural Pátzcuaro , siempre vale la pena darse una vuelta por ahí y ver qué hay de nuevo, la oferta cultural es variada, las cervezas muy buenas, los mezcales, mejores y en la tienda de artesanías siempre hay sorpresas.

Janitzio

Janitzio es la isla más grande en el lago de Pátzcuaro, al centro tiene un José María Morelos al que se puede subir y ver las vistas desde su puño en alto. También, porque en día de muertos el cementerio de la Isla se llena de colores y de música durante toda la noche (fui un año y fue impresionante).

Janitzio es una isla muy turística, pero aún así conserva muchas cosas que valen la pena visitar. Hay que tomar una lancha desde el embarcadero en Pátzcuaro. En el camino hay gente cantando y ya casi llegando te muestran a unos pescadores pescando de la forma tradicional, tan representativa del lago. Al llegar te reciben unos niños bailando el “Baile de los viejitos”.

La isla tiene mucha altura, por lo que para llegar al monumento, hay que subir y subir y subir. Durante todo el camino hay tienditas de artesanías (y muchas cosas chinas) y cerveza y Toritos (para el agotamiento). Una vez arriba, la vista del lago es muy bonita , aunque nos tocó un día nublado, logramos ver las demás islas y las ciudades al rededor.

Yo ya había subido el “Morelos” cuando era chiquita, y lo recordaba como la peor experiencia de mi vida. Le tengo pánico a las alturas y vomité cuando subí. Eso fue a los 7 años, no quería volver a subir; pero el güero me convenció. Y ahí vamos los dos valientes. Yo atacada de miedo porque no estaba muy convencida y él muerto de risa porque sentía que las “medidas de seguridad” no eran suficientes. Yo con muchos trabajos logré subir, sobretodo porque no podía bajar tampoco, estaba engarrotada. Veía a los niños brincando mientras subían y bajaban y yo sólo quería quedarme ahí hasta el fin de mi vida. Después de respirar mucho y tranquilizarme, logré subir, la vista desde el puño del Morelos es muy linda (pero yo a quería bajar), bajamos y comimos algo antes de volver a Pátzcuaro.

Tzintzuntzan

Ya de regreso a México, queríamos ir a otro lugar, Tzintzuntzan siempre e ha gustado, la iglesia (franciscana fundada en 1526) es preciosa y tiene una zona arqueológica chiquita, pero muy bonita y con unas vistas espectaculares.

Fue un gran gran viaje, Michoacán es precioso, la gente muy amable, la comida deliciosa (¡¡¡la sopa tarasca es la mejor!!!). Quedamos encantados ¡prometiendo volver!

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