El viernes que ayuné en Ramadán

Escrito en el 2011. Éste año fue especialmente complicado, el Ramadán cayó en pleno verano. Durante los días más largos y más calurosos del año. Debo decir que tengo varios héroes después de ver a los sirios ayunar durante el mes.

Yo decidí que quería ayunar un día, sólo uno para ver qué se sentía. Decidí que lo mejor era ayunar en viernes. Los viernes musulmanes son como los domingos cristianos y nadie trabaja. Convencí a un amigo inglés para que me acompañara. Hablé con un amigo sirio para que nos explicara bien y ¡nos preparamos!.

El día, bueno, el día de ayuno empezó cuando nos juntamos a “desayunar” a las 3:00 am en un restaurante para hacer el suhur. O sea la última comida del día antes de la primera oración. El desayuno fue abundante. La verdad es que a esas horas poco se me antojaba comer cordero, (eso se come) y pues hay que hacer lo que los demás hacen. Lo que sí, es que tomamos muchísima agua. Sabíamos que los días estaban demasiado calientes. Terminamos de comer como a las 3:30 am, antes de la primera oración y nos fuimos a nuestras casas a dormir.

Un desayuno típico de Ramadán

Yo intenté dormir lo más posible para no tener tanta hambre. Logré despertarme a la 1:00 pm, con un calor ¡insoportable!. Me bañé, eso sí está permitido, y como queríamos hacer un día 100% musulmán, nos quedamos de ver en la mezquita Omeya para estar ahí algunas horas.

Yo pensé que si el día era de oración pues era buena ocasión para rezar un rosario. Con rosario en mano, y un cuadernito donde se explicaba cómo rezarlo entré a la mezquita a pasar el tiempo y a aprovechar el día. Es importante decir que estábamos a 46°C. El hambre ni se asomaba, pero la sed, como a las 4:30 empezó a ser insoportable.

Bashar y John en la mezquita Omeya

Cambiamos de mezquita a una donde había aire acondicionado. Como a las 5:30 decidimos que era momento para irnos a arreglar. Íbamos a ir a romper el ayuno a casa de una familia siria que nos invitó. Me bañé, me urgía sentir agua aunque fuera en la cara. La sed que traía era insoportable. Cada minuto que pasaba era un minuto menos para tomar algo de líquido.

Mis amigos se fueron a comprar jugos y postres y como a las 7:15 pm llegamos a la casa en donde a las 7:24 pm se rompía el ayuno (cada día cambiaba un poco la hora, porque los días se iban haciendo más cortos) ¿cómo habré estado de desesperada que hasta hoy me acuerdo de la hora exacta?.

Para llegar al departamento en donde íbamos a comer había que subir tres pisos, para nosotros, esos 3 pisos fueron como 15. Llegamos y la mesa ya estaba llena de comida, de todo tipo de comida, comida que podía alimentar a por lo menos 30 personas (éramos 8) y lo mejor, un termo de 10 litros de agua. Contamos los minutos más largos de nuestras vidas. No sabemos la necesidad de agua hasta que dejas hasta de sudar por estar tan deshidratado.

La bendita mezquita empezó a llamar a la oración a la hora acordada y no se porqué, alguien me pasó un dátil para romper el ayuno. ¡Un dátil! ¿A quien se le ocurre comer un dátil cuando llevas tantas horas sin tomar agua?. Tenía la boca tan seca, que me fue completamente imposible tragarlo.

A estas alturas yo ya no podía de la risa, entre el dátil, el no poder tragar, la sed y no saber cómo pedir un vaso de agua sentí que moría. Logré pararme por un vaso de agua y entonces sentí lo maravilloso que es poder tomar un vaso de agua. No tomé 1, tomé 2 y 3 y 4 y 5 y 6, ya para cuando empezamos a comer, yo ya no podía comer nada. Debo confesar que nunca tuve hambre, pero estaba tan deshidratada que no podía dejar de tomar agua.

Ayuné un día, luego supe que fue el más caluroso del Ramadán. Pero sólo 1, lo que hacen los musulmanes durante un mes es digno de mi más completa y perpetua admiración.

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